Libro sobre la trayectoria de Aníbal González

El Salón de Actos de la Capitanía General fue el lugar elegido para presentar Inspiración, trabajo y constancia. Un libro, prologado por Víctor Pérez Escolano, catedrático de Historia de Arquitectura, en el que ha trabajado Gustavo de Medina, socio de la APC, que recoge la trayectoria personal y personal del arquitecto Aníbal González, que diseñó el auditorio en que su nieto, Aníbal González Serrano, dio a conocer el fruto de 11 años de trabajo. Un completo volumen de casi 300 páginas que recoge imágenes, planos o documentos relacionados con este sevillano ilustre, nacido en 1786 y fallecido en 1929, pocos meses después de inaugurar la Plaza de España, su obra cumbre.

 

José Rodríguez, teniente general de la Fuerza Terrestre, dio la bienvenida al acto y se congratuló de tener «la suerte de trabajar todos los días» en un edificio que mantienen cómo Aníbal González lo concibió. El decano de la Facultad de Bellas Artes, Daniel Bilbao, tomó la palabra tras el militar para glosar la figura del arquitecto hispalense. Bilbao contextualizó la Sevilla en la que le tocó nacer a Aníbal: «Era una ciudad que adolecía de precariedad y provincianismo». Y dio numerosos detalles biográficos del protagonista del libro: «Desde pequeño era un gran dibujante». Algo que le permitió cursar sus estudios en Madrid y desarrollar una «personalísima arquitectura», iniciando el regionalismo y permitiendo que «la Sevilla que hoy disfrutamos sea fruto de su talento». Una afirmación no sólo basada en sus obras más conocidas, sino también en su prolífica faceta como urbanista, colaborando con el desarrollo del barrio de Heliópolis o Nervión.

 

Su nieto, Aníbal González Serrano, también recibió los elogios del decano universitario: «Este libro aúna el tesón y cariño de su nieto, contando con una amplia documentación inédita para ser referente para el estudio y la investigación». Aníbal agradeció las bellas palabras y fue humilde en el inicio de su discurso, que incluyó una presentación audiovisual y un recuerdo para las víctimas de la pandemia: «No soy arquitecto, ni entendido en la materia, sino médico dentista». El descendiente del arquitecto explicó que el libro tiene como objetivo «exaltar la obra del arquitecto más querido de Sevilla y de su equipo, entre los que se encontraban obreros-artistas». Un trabajo que le ha llevado más de una década y que está dirigido a todos los públicos, aunque especialmente a arquitectos, historiadores, ceramistas o archiveros: «Me he pateado Sevilla buscando y hablando con quienes viven en edificios hechos por mi abuelo».

 

La principal fuente documental de la obra son los cuadernos de hule de trabajo de Aníbal González, realizados entre 1905 y 1929: «He conseguido 45, de los que dos estaban en México, pero me faltan seis». También se ha valido de más de 2.500 planos de la Fundación para la Investigación y Difusión de la Arquitectura de Sevilla (Fidas), así como del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH), hemerotecas, diversas publicaciones y archivos. Gracias a ellos y al propio archivo familiar, ha conseguido realizar una biografía personal y profesional en la que se alternan episodios felices con otros más tristes, como el atentado que sufrió en 1920 a las puertas de su casa, en la calle Almirante Ulloa. O su dimisión de la comisión de la Exposición Iberoamericana de 1929, de la que él fue pieza clave.

 

González Serrano divide la carrera profesional de su antepasado en tres partes: modernista, de 1902 a 1906; historicista, de 1906 a 1909; y regionalista, de 1909 hasta su muerte. 27 años de arquitecto en los que realizó todo tipo de construcciones, desde casas particulares a palacios, pasando por naves industriales o iglesias. Precisamente, hablando de una de ellas terminó el autor: la Basílica de la Milagrosa. Un templo de grandes dimensiones que proyectó pero no pudo desarrollar. Además ningún otro arquitecto quiso tomar su testigo y erigir una basílica de 3.350 metros cuadrados con torres de 65 metros en lo que actualmente es el colegio Portaceli. No obstante, sus discípulos si continuaron con su estilo arquitectónico: Juan Talavera, José Espiau o Aurelio Gómez Millán.

 

La consejera de Cultura, Patricio del Pozo, y el presidente de la Fundación Caja Rural, José Luis García-Palacios, pusieron el broche a un emotivo acto en el que Aníbal González estuvo constantemente presente. Del Pozo, que asegura que «Andalucía no podría entenderse sin la aportación de Aníbal», opinó que este libro «hace justicia con una persona importantísima para la historia de España». García-Palacios, por su parte, relató su «sorpresa al conocer el proyecto» del nieto del arquitecto, que supone «un homenaje que debía habérsele hecho hace tiempo». Y finalizó diciendo que «Sevilla tuvo la suerte de que la naciera Aníbal González».

 

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