La despedida de un quiosquero se ha hecho viral en las redes sociales

Cada vez son menos los kioskos de prensa que aguantan el envite en los tiempos de Internet. De hecho, la Asociación de Vendedores Profesionales de Prensa de Madrid (AVPPM) ha señalado que en una década se han perdido en la ciudad más de 500 negocios en el sector y la causa principal es el cambio de tendencia que ha llegado con las publicaciones digitales. A pesar de ser la de kioskero una profesión querida, como casi todas las que nos evocan un mundo del que apenas queda nada, cada día son más los hombres y mujeres que acaban tirando la toalla.

 

Uno de ellos, Jorge Talegón Perea, acaba de bajar la persiana de su kiosko 23 años después de haberla subido por primera vez. Con 58 años, este vasco reconvirtió la pastelería familiar que regentaba su madre en la calle La Paz de Vitoria-Gasteiz en un punto de venta de publicaciones periódicas, pero este lunes se ha tenido que despedir de su clientela y echar el cierre: «Este tipo de negocio ya no daba más de sí», ha escrito en el cartel que se puede ver en la puerta.

 

Jorge ha subido un par de fotografías a su cuenta de Twitter, en la que no llega al millar de seguidores, pero su emotiva despedida se ha hecho viral en poco tiempo. «Hoy, después de 23 años, he dejado de ser vendedor de prensa», confesaba junto a una foto del kiosko y otra hecha al pedazo de papel con las palabras que cuelgan de la fachada, un tuit al de han contestado decenas de personas deseándole la mejor de las suertes.

Además del auge del mundo digital, Jorge ha explicado que hay más motivos detrás de su cierre: «El abuso suicida de las distribuidoras, controladas a distancia por los grandes grupos de comunicación, todo hay que decirlo. Los que están metidos en este tinglado solo piensan en la ganancia inmediata, pero están cavando su propia tumba y la de la prensa en papel», ha detallado en respuesta a varios tuiteros.

 

Se queda este ya exkioskero con «la suerte que he tenido con toda la gente maravillosa que he conocido en estos años» y ahora se pregunta «a ver qué me depara la vida», confesando que siente el cierre «como una amputación, realmente no he empezado a asimilarlo todavía». El pasado lunes, cuando se despidió de sus clientes, recuerda que fue «una marea de emociones: besos, abrazos, intercambio de teléfonos, lágrimas, regalos… Uf, qué clientela, madre, pero qué clientela. Ya no sé ni qué decir de ellos. Ma-ra-vi-llo-sos».

 

«El tipo de negocio ya no daba más de sí. Han sido 23 años bonitos e intensos donde lo mejor habéis sido vosotros. Ahora toca andar nuevas sendas, inciertas. Un abrazo, Cuidaos. Agur bihotz-bihotzetik [adiós desde el fondo de mi corazón]», ha escrito en el papel que ha pegado en la puerta del kiosko ya cerrado en el centro de la capital alavesa. Y, como decíamos, las reacciones han sido muchas y todas ellas para mostrar buenos deseos:

«Me siento abrumado por tanta muestra de cariño y apoyo, que apenas puedo contestar. Gracias. Solo puedo decir que sois tan majos como mis clientes», ha respondido Jorge.

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