Adiós a Bernard Pivot, creador del programa ‘Apostrophes’

Francia ha perdido al más legendario de sus cronistas literarios de la televisión, Bernard Pivot (Lyon, 1935 – Neuilly-sur-Seine, 2024), creador del programa Apostrophes, una referencia sin igual en las emisiones literarias de Francia, Europa y los Estados Unidos.

 

Hijo de tenderos, su padre estuvo en la Resistencia antes de ser deportado en Alemania mientras su madre, ama de la casa, destacaba como cocinera. Pivot pudo ser futbolista, cronista deportivo, viticultor, enólogo; pero su curiosidad, su gran arte de la conversación improvisada y su impertinencia muy controlada, lo llevaron al periodismo.

 

Como periodista, en ‘Le Figaro’ no estaba forzosamente «condenado» a la crítica literaria. Sus encontronazos con el director del matutino conservador, Jean d’Ormesson, gran novelista, lo alejaron temporalmente de los círculos literarios, mucho más beatos y menos divertidos.

 

Cerradas las puertas literarias de ‘Le Figaro’, Pivot encontró en Jean-Louis Servan-Schrever (hermano del no menos legendario Jean-Jacques, autor de ‘El desafío americano’) un cómplice casi ideal. Juntos crearon la revista ‘Lire’, en 1974.

 

Escritor de periódicos «tradicional», Pivot comenzó muy pronto otra carrera, como cronista radiofónico, convirtiéndose en un personaje muy popular, cuyo proyecto de emisión literaria, ‘Apostrophes’ fue aceptado con muchas reservas, en 1975. La emisión triunfó con rapidez, para convertirse en una leyenda, hasta 1990.

 

La fórmula Pivot tenía pocos precedentes y nunca ha podido ser «resucitada»: reunir a media docena de escritores, populares, nada populares, exquisitos, «vulgares», y «provocarlos» con una agudeza, para provocar polémicas, «tensiones», revelaciones. Pivot leía de diez a doce horas diarias, y podía desmenuzar una obra con elegante limpieza.

 

Durante los años 80 del siglo pasado, casi un tercio de los libros vendidos en Francia habían «pasado» por «Apostrophes». Pívot se apuntó triunfos espectaculares. El paso de Aleksandr Solzhenitsyn por la emisión, con motivo de la traducción francesa de ‘El archipiélago Gulag’, se convirtió en un acontecimiento internacional. Su gran entrevista con Vladimir Nabokov es una joya única en su género, con el autor de ‘Lolita’ bebiendo güisqui en una taza de café. Pivot también tuvo fracasos patéticos. El paso por ‘Apostrophes’ del escritor pedófilo Gabriel Matzneff rozó la ignominia del presentador sonriendo con las «historias» del personaje con niñas muy menores.

 

Pivot terminó cansándose de su leyenda. Y decidió abandonar ‘Apostrophes’ para pasar página. Siguió ejerciendo como crítico en otros medios, consagró mucho tiempo a la enología y la «crítica» de vinos, y se convirtió en presidente de la Academia Goncourt.

 

El caso del Pivot y su ‘Apostrophoes’ tiene algo de único y excepcional: una emisión popular y sabia, erudita y gran público, respetada por grandes escritores y autores de «best-selles». Grandes maestros se negaron a participar en la emisión. Es el caso de Cloran, el último de los grandes moralistas en lengua francesa, o Julien Gracq, el gran novelista voluntariamente alejado de las «multitudes lectoricidas». Queda la leyenda de un crítico y comunicador cultural muy fuera de serie.

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